El 16 de septiembre se celebró en Madrid la Gala del Premio Emprendedoras 2026, que convocan cada año Madrid Emprende y el Ayuntamiento de Madrid. Minifunkids estaba allí, entre las finalistas al Accésit al Mejor Proyecto en Salud y Bienestar.
Ver nuestro nombre en la pantalla del auditorio, junto al de otras emprendedoras, y leer de qué va esto —realidad virtual para mejorar el aprendizaje, la estimulación y el bienestar de niños y niñas con diversidad funcional y neurodiversidad—, ya fue motivo suficiente para el viaje.
El accésit fue para Biotahealth SL por BiotaSmart, una plataforma de nutrición personalizada basada en inteligencia artificial y análisis de microbiota. Enhorabuena, de verdad. Era un galardón bonito y nos hubiese venido bien, para qué vamos a decir otra cosa. Pero de una noche así se vuelve con cosas que no caben en un sobre, y nosotros nos trajimos tres.
Las lecciones
Ángel Niño, concejal de Innovación y Emprendimiento, dejó el consejo más práctico de la noche, y viene de alguien que fundó cinco empresas antes de dedicarse a la política: cuando te digan que no, pregunta el motivo. Si cada persona te da una razón distinta, es el mercado hablando: ajusta y sigue. Si todas te dan la misma, el que tiene que cambiar es el proyecto.
Dijo también algo que cuesta ver desde fuera. Que ninguna empresa empieza con una gala ni con un aplauso, sino con meses de explicar una idea que todavía no existe a gente que no tiene por qué creerte. Y que por eso un premio importa: es la primera vez que alguien que no te debe nada te dice que sí.
Tamara Istambul, cofundadora de Autocine Madrid y ganadora de este mismo premio en 2016, contó cómo cada limitación de su negocio terminó convertida en una línea nueva. Que solo pudieran proyectar de noche les dio los eventos de día. Que el tiempo les arruinara las sesiones les dio un pabellón cubierto que hoy supone el 40 % de su facturación.
«Lo que te limita, lo que te frena, es lo que te hace crecer».
Tamara Istambul, cofundadora de Autocine Madrid
La inspiración
Sobre el escenario se sucedieron proyectos de cinco, diez y hasta veintitrés años de recorrido. Casi todas las premiadas dedicaron el reconocimiento a su equipo y a la gente que las sostiene los días malos, que son bastantes más que los buenos. Varias hablaron de su trabajo no como un negocio, sino como una misión.
De esa parte nos quedamos con una imagen de la propia Tamara Istambul: emprender es un deporte de élite, saltar vallas todos los días.
Y el reconocimiento, que fue lo que más pesó
Después de la ceremonia, en el cóctel, se acercó bastante gente a darnos la enhorabuena por el proyecto y ánimos para seguir. No por el resultado: por lo que hacemos. Para un equipo que trabaja cada día por la neurodiversidad, eso vale más de lo que parece desde fuera.
Gracias a Madrid Emprende y al Ayuntamiento de Madrid por apostar por el emprendimiento femenino, al jurado por su trabajo y enhorabuena de corazón a todas las premiadas y finalistas.
Nos quedamos con la idea que cerró la noche: lo que diferencia a quien llega de quien no llega es la perseverancia. Así que seguimos.
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